lunes, 24 de septiembre de 2007

El edificio Chrysler

En cada esquina del piso 61 un águila de acero vigila la ciudad. Unos metros más arriba, como un brillante desgastado, la cúpula del Chrysler refulge sobre Nueva York. No es el edificio más alto ni el más importante de Manhattan, pero sigue siendo el preferido por los neoyorkinos.

Las águilas han estado aquí durante los últimos 77 años. Gárgolas de acero sobre los taxis amarillos y el humo de la ciudad. Ellas vivieron los días del hambre, la guerra y el music hall. Estaban allí cuando Nueva York se vestía de confetti y la mañana en que se cubrió de fuego.

Las gárgolas le dan a Nueva York lo que tiene de Gotham. Fotografiados sobre ellas, los operarios parecen improvisados superhéroes, locos dispuestos a saltar sobre la multitud.

Estas rapaces de metal son una réplica de los ornamentos que llevaban los automóviles Chrysler hacia el año 1929. Los adornos del piso 31 son una reproducción a las tapas de los radiadores. Todo el edificio es un homenaje a los coches de la compañía en aquella época, una pequeña joya del Art Deco.

El edificio abrió sus puertas el 27 de mayo de 1930 y fue durante unos meses el más alto del mundo. El récord le duró medio año, cuando se terminó la construcción del Empire State. Sin embargo, en todas las encuestas los vecinos de Manhattan siguen eligiendo al Chrysler en primer lugar.

De vez en cuando, alguien tiene que subir hasta allí a limpiar el hollín o reparar la iluminación. Entonces, encaramado a la cabeza del águila, uno se debe sentir como el rey de la ciudad.

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